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gustavo-macam 12 de Diciembre de 2017

MARA


Apoye mi mano sobre su frente. Ella miró por la ventana y me dijo:

  • -Mira qué lindo esta el sol !!. Anda. No pierdas el tiempo conmigo.
  • -Jamás perdí el tiempo con vos. Si hay algo que me va a faltar, si el destino no negocia su capricho, es tiempo a tu lado.
  • -Cuando flaquees acuérdate de todo lo que hemos vivido. No ha sido poco. Y creo que el destino también se encarga de emparejar, a su manera, nos guste o no.

Tomé su mano con mis dos manos y la lleve hacia mi pecho. Bese su boca. Me miro con sus ojos abiertos, tan grandes, tan claros, que casi empezaba a creer en los milagros.

Obvie el ascensor y busque las escaleras. Para bajar a la realidad mejor hacerlo de a poco.

Salí a la calle, mire hacia un lado y hacia otro, sin rumbo.

Comencé a caminar, huérfano de sentido. Con la ansiedad apuntando a la sien difícil encontrar una respuesta.

Ya sentado en un bar, el mozo se acerca, y ajeno a mi desgracia, me alcanza el diario. No hay noticia que disimule mi desdén, desde aquel diagnostico, jamás pude cambiar los titulares de mi primera plana.

El tiempo te abriga. Mara se va apagando, como la luz de un barco que se aleja, mientras parpadeo para dilatar el horizonte.

Aprenderé a caminar sin ella, aunque quede el reflejo en mis manos, de buscar sus dedos por la cintura de una tarde.

Mientras ordeno y hago lugar para que habite el recuerdo, para que quede vivo, intacto, para que no me gane la prisa cuando quiera ir a buscarla. Espero ese llamado. Ese latigazo para el alma.

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